Ha comenzado una extraña forma de saldar una deuda. Gu Tae-geom es jefe de sección en «The Escape», una empresa de préstamos ilegales, mientras que Chae Hee-on es la única empleada de la oficina y se encarga de la contabilidad. Su relación no es más que la de un jefe y su subordinada, hasta que algo empieza a cambiar entre ellos.
—Las facturas del hospital de mi abuela llevan tres meses sin pagarse.
—Busca otra solución. No voy a prestarte dinero, aunque te mueras de hambre hoy mismo.
Tae-geom la rechaza sin contemplaciones, pero no puede dejar de pensar en esa faceta de Hee-on que nunca antes había visto: débil, vulnerable y desesperada. Cuando la rescata de una situación peligrosa, ambos terminan bebiendo juntos. Aprovechando que él está completamente borracho, Hee-on intenta robarle un beso, rozando sus labios a escondidas.
—Tú... maldita sea.
—¿Por qué me insultas? ¿Tan malo ha sido?
Lo que Tae-geom no descubre hasta mucho después es que aquel beso no era más que una estratagema para averiguar la contraseña de la caja fuerte de la oficina. Sin embargo, ni siquiera entonces consigue abandonar a Hee-on, que se encuentra al borde del abismo.
—Apunta esto. Ni una sola palabra fuera de lugar.
Así comienza su peculiar acuerdo: un pagaré miserable escrito en una servilleta rota, con una cuota de 20.000 wones al día y una única condición: pagar en efectivo.
«Perseguiré hasta el mismísimo infierno a cualquiera que me deba dinero».
Sus agotadores días empiezan a medirse en pagos de 20.000 wones. Ya no saben si están saldando una deuda o acumulando otra, pero el tiempo sigue pasando y sus vidas se entrelazan cada vez más profundamente.
Lo que comenzó como una simple deuda pronto se convierte en algo mucho más difícil de saldar.